El siglo XVII americano: Protoindustria Colonial
Asignatura: Historia Americana II
Estudiante: J.G.L.
1. ¿Cuál sería, según Miño Grijalva, la virtud de acoger el concepto de protoindustria para el caso novohispano y latinoamericano en general, cuando los efectos de la Revolución Industrial sólo se consolidaron en las últimas décadas del siglo XIX? Desarrolla los argumentos del autor
2. ¿Se puede considerar al obraje como una expresión proto-industrial?
3. ¿Cuál es el planteo central y a que conclusiones arriba Jorge Gelman en su texto “En torno a la teoría de la Dependencia, los polos de crecimiento y la crisis del siglo XVII. Algunos debates sobre la historia Colonial Americana”? Desarrolla
4. ¿Para qué utiliza el autor los ejemplos de las mulas cordobesas y las mulas paraguayas en su trabajo? Desarrolla
DESARROLLO
1- Según el autor Miño Grijalva, la virtud de acoger el concepto de protoindustria para el caso novohispano y latinoamericano en general, reside en considerarlo como una etapa de la transición hacia el capitalismo, como un proceso secular que desemboca luego en la siguiente etapa: la industrialización. El autor sostiene que la utilidad de dicho concepto radica en que ayuda a definir diversas expresiones industriales que aparecen desarticuladas en el contexto de la economía colonial, por ende, los rasgos que se observan en muchos de los parajes europeos y los diversos elementos que sirven para definir la proto-industria están presentes en el caso novohispano y latinoamericano con variantes regionales y diversas proporciones, especialmente durante el siglo XVIII. En principio, el propio prefijo proto se adecúa etimológicamente al caso colonial en una acepción flexible de primero (como forma inicial), incluso como primitivo, original y habla de formas y técnicas de trabajo combinadas de gran amplitud. Por otra parte, el concepto de proto-industria tiene la virtud de subsumir en su proceso diversas formas de organización y subsana además la discusión entre la dependencia del tejedor al comerciante (trabajo a domicilio o putting-out system) y su independencia de éste (Kaufsystem o cottagé) porque, fuera de la intervención del comerciante, la producción textil adscrita al concepto de proto-industria es una producción para el mercado y que -en el caso latinoamericano, bajo diversas formas de organización- estuvo presente desde los albores del sistema económico colonial. Sintetizando, es un trabajo doméstico con la familia como unidad básica de producción (se produce para el mercado), ligado a la producción dispersa rural cuya dinámica se caracterizó por la interdependencia entre agricultura e industria: fue sustancial y determinante la industrialización a través de la multiplicación de unidades domésticas de producción que disponían de un modesto capital y se ubicaban en las regiones rurales alrededor de centros mercantiles. De esta manera, industria rural, mercado externo y la simbiosis entre la industria rural y el desarrollo de una agricultura comercial constituyen el marco de la proto-industrialización. Así, los factores que contribuyeron al desarrollo protoindustrial europeo fueron básicamente la lentitud del ciclo coyuntural agrícola, las tendencias de crecimiento demográfico y, en consecuencia, el creciente desempleo en las zonas rurales y las crisis agrícolas del siglo XVII y de principios del XVIII . En el sector agrario, el campesino se encontró frente a dos alternativas: a) asegurar los ingresos mediante una explotación más intensiva de la tierra y b) compensar el déficit de los ingresos a través de ocupaciones secundarias, no agrícolas, con lo cual se solucionaba también el problema del desempleo estacional. Así, la industria doméstica se convertía en la única solución posible y la agricultura de subsistencia en la base agraria de la proto-industrialización.
Por consiguiente, la protoindustrialización se desarrollaba entre la economía agraria y el capitalismo comercial. El sector agrario aportó mano de obra, habilidades comerciales y empresariales, capital, productos y contribuciones al mercado. El capital mercantil abrió camino a la producción manufacturera rural hacia los mercados internacionales. La particular simbiosis del capital mercantil y la sociedad campesina, en consecuencia, marca una de las fases más importantes del camino hacia el capital industrial.
2- Según el autor Miño Grijalva, el obraje -un tipo de producción proto-industrial- constituye una etapa previa y clave del proceso industrial andino y novohispano, pues su producción alcanzó un amplio radio de comercialización. Las características que distinguen al obraje colonial son: división del trabajo (cooperación compleja), concentración de fuerza de trabajo, un nivel tecnológico superior al indígena trasladado de la Península, disposición de un capital de importancia y un amplio mercado consumidor ubicado fuera de las regiones productoras, en suma, características que confieren jerarquía a la producción manufacturera de Nueva España y Perú. De esta manera, este tipo de organización fue una forma de producción con un alto nivel de división del trabajo y un funcionamiento semiautónomo de la propiedad agraria en Nueva España , perfectamente articulado a ella en el caso del espacio andino.
De esta forma, el trabajo textil en su conjunto es un trabajo complementario entre la producción del campo y la ciudad, separado por los usos y costumbres de la población. Hubo un sector textil mercantilizado y un amplio mercado consumidor, complementado por una extensa red de unidades domésticas vinculadas al proceso de producción, que finalmente constituye es base estructural común que caracterizó a la protoindustria. Por ello, sostiene el autor, que no encuentra obstáculos para hablar de proto-industria colonial y considerar, por ende, al obraje como una de sus expresiones.
3- El planteo central del autor Jorge Gelman es abordar ciertas investigaciones que giran en torno a la “crisis del XVII” y que permiten reevaluar algunos modelos generales de interpretación de la sociedad y economía coloniales. En primera instancia, esquematiza dos modelos de interpretación del desarrollo de las sociedades americanas: la “teoría de la dependencia” y los “polos de crecimiento”, revisando la investigación empírica sobre la cual se basaron los mismos y nuevos avances en esos terrenos. En cuanto a la “teoría de la dependencia”, a finales de la década de los ‘60, el autor Andre Gunder Frank desarrolla una serie de hipótesis para explicar el “desarrollo del subdesarrollo” en la región, a las cuales subyace la idea básica de que el subdesarrollo latinoamericano es el resultado de su incorporación como satélite en el nuevo sistema capitalista mundial que tiene su centro en Europa. Por consiguiente, produce una improductividad estructural en todos los sectores sociales infiltrados por este sistema, al corresponderles a estos un lugar dependiente. La hipótesis central que deriva de esta idea base es que a mayor intensidad en las relaciones metrópoli-satélite se produce mayor subdesarrollo en el segundo y, a menor intensidad, sólo hay posibilidades de desarrollo o crecimiento para el satélite. Por su parte, el autor Carlos Assadourian discute la hipótesis de A. Frank respecto que a menor intensidad de relación metrópoli-satélite, la posibilidad de desarrollo es sólo para el satélite, basándose en la idea de F. Perroux de los “polos de crecimiento” sostiene que a menor intensidad de relación decrece la economía del satélite, disminuyen los intercambios regionales y se orienta hacia una mera economía de subsistencia, sin excedentes o poco volumen para que capte la metrópoli. Cabe aclarar que la idea de “polos de crecimiento” implica básicamente que los satélites generan una especialización regional del trabajo dentro de amplios espacios americanos, con un intenso sistema de intercambios que concede a cada región un nivel determinado de participación y desarrollo dentro del complejo zonal. Assadourian complejiza esta idea agregando la constitución de un “mercado interno colonial” en donde la intensidad del intercambio que mantiene cada región con otras regiones del mismo espacio es superior a la intensidad de un posible intercambio con cualquier otro espacio exterior.
Con respecto a la crisis en la economía americana en el siglo XVII, Earl Hamilton publica un trabajo en el que mostraba la caída del comercio entre España y América y de allí surgía también la imagen de una crisis comercial, minera y económica en general para el subcontinente americano. El trabajo de los autores W. Borah y E. Chevalier, entre otros, confirman esa imagen de crisis: Borah concluía que a finales del siglo XVI se llegaba a un piso mínimo de población que puso en cuestión el funcionamiento mismo de la minería y del conjunto de la economía del virreinato; por su parte, Chevalier sostiene que frente a la decadencia de la minería, del comercio interno y externo, los sectores dominantes se vuelcan al campo y constituyen esas grandes explotaciones autosuficientes, de características feudales, implementando el sistema de “peonaje por deudas” como forma de retener compulsivamente la mano de obra escasa producto de la caída demográfica. Por otro lado, existen investigaciones que cuestionan esta idea de crisis: John Lynch plantea la idea de entender el colapso del comercio trasatlántico como un periodo de reordenamiento de la economía americana que retiene mayores recursos en su territorio, reforzando la economía local (en el caso novohispano); Kenneth Andrien, para el caso peruano, sostiene que la caída de los ingresos fiscales de las cajas de Lima es el resultado de una crisis fiscal y administrativa, producto del debilitamiento del poder de la Corona y del aumento a gran escala de la corrupción administrativa.
Finalmente, el autor concluye que todas estas investigaciones permiten reconsiderar los modelos de interpretación del pasado colonial americano. Por ello, sostiene -en primer lugar- que las relaciones externas de Hispanoamérica y su intensidad no fue sólo con España (vínculo oficial), sino que deben considerarse con el conjunto del mundo exterior (europeo y no europeo); en segundo lugar, no es posible considerar a Hispanoamérica como una sola, sino que a lo largo del tiempo se producen fenómenos diferenciados, los cuales deben estudiarse con detenimiento en cada caso; en tercer lugar, es necesario replantear las dinámicas de los Mercados Internos Coloniales y el rol que habrían jugado en ellos los llamados “polos de crecimiento”. De esta manera, Jorge Gelman sostiene que tampoco hay una relación automática entre la intensidad de las relaciones externas de los espacios americanos, ni con el desarrollo minero en particular, ni con el desarrollo mercantil o económico en general. Por ende, resulta decisivo estudiar las características propias de la economía colonial y en especial de la economía campesina, que no reacciona necesariamente como un empresario capitalista frente a los estímulos del mercado. Por último, un problema básico, tanto en la interpretación de G. Frank como de S. Assadourian, es el considerar una correspondencia demasiado automática entre la intensidad de relaciones metrópoli-colonias y el grado de desarrollo de las economías coloniales, debido a que existe una relativa autonomía en el desarrollo de las economías americanas que no puede explicarse solamente por la marcha de las economías europeas ni por la intensidad de sus relaciones con América.
4- El autor Jorge Gelman utiliza el ejemplo de las mulas cordobesas y las mulas paraguayas, refiriendo el trabajo de S. Assadourian, para explicar que desde mediados del siglo XVII la actividad esta en crisis, producto de la depresión potosina que se manifiesta en la evolución de los precios de las mulas. La producción de mulas fue por mucho tiempo la actividad central de la región, desarrollada para satisfacer la demanda de medios de transporte y carga de todo el espacio peruano. Los ciclos de esta actividad estaban estrechamente vinculados a los ciclos de la actividad minera. Según Assadourian, desde el año 1700 colapsa la producción de mulas cordobesa, crisis que se manifiesta en la disminución de la capacidad de absorber productos ultramarinos, en una desmonetización de su economía, en una ruralización de la población que ya no puede sostener los gastos de la vida urbana.
BIBLIOGRAFÍA:
- MIÑO GRIJALVA, Manuel “¿Protoindustria colonial?”, Historia Mexicana, Vol. 38, Núm. 4, 1989, pp. 793-818.
- GELMAN, Jorge “En torno a la teoría de la Dependencia, los polos de crecimiento y la crisis del siglo XVII. Algunos debates sobre la historia Colonial Americana”, en MONTANARI, Massimo et alliProblemas actuales de la historia, Salamanca: Universidad de Salamanca, 1993, pp. 99-11.
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