jueves, 28 de enero de 2021

Periodo Helenista. Sociedades Grecolatinas.

 

Espacio y Civilización. Mundo Antiguo. Sociedades Grecolatinas


Tema: PERIODO HELENISTA

Estudiante: J.G.L.

 Consigna: en base a las clases y la lectura bibliográfica sobre el Mundo Helenístico dar cuenta de los cambios y continuidades que se dieron en esta etapa respecto de la época clásica en relación a:

  1. Aspectos Socio-Políticos

  2. Aspectos Socio-Económicos

  3. Aspectos Socio-Culturales


El presente trabajo gira en torno a dar cuenta de los cambios y continuidades que se dieron en el periodo helenista respecto de la época clásica en relación a los aspectos sociopolíticos, socioeconómicos y socioculturales. No obstante, a modo de introducción, es de relevancia mencionar el trabajo del autor Diego Olivera, en el cual presenta como propósito deconstruir el concepto de ¨imperio¨ en la obra de Sir Moses Finley, cuyo autor plantea la convicción de establecer de “la posibilidad misma de incorporar a Grecia y a Roma en un solo lenguaje”. M. Finley, sostiene que Grecia era un imperio marítimo con oportunidades limitadas para la expansión territorial, que se apoyaba en la flota y estaba obligado, por tanto, a otorgar a la población común –el demos– un papel dominante en la toma de decisiones políticas; por su parte, Roma era un imperio terrestre casi ilimitado en su capacidad y deseo de expansión, en el que la oligarquía dominante retenía tanto los principales beneficios materiales de la conquista como el control político continuo. Ambos, con particulares culturales propias, son posibles de analizar dentro de una lógica imperial, compararlos a partir del término imperialismo, estableciendo asi la tipología de los seis puntos, por lo que establece que en Atenas y en Roma las luchas sociales no se dan en el sentido de luchas de clases, sino como luchas políticas, cuyo fin último es el control del Estado y, por ende, la apropiación del excedente que desde él se distribuye. Además, la diferencia es el resultado obvio de que Atenas, al ser una democracia en que la totalidad del cuerpo de ciudadanos tenía acceso a las magistraturas y al control del Estado, la ciudadanía suponía inevitablemente derechos políticos. En tanto en Roma, en cambio, la oligarquía senatorial anulaba cualquier posibilidad de que la ciudadanía en manos de los sectores populares fuese correlativa con el ejercicio del poder político, limitando su esfera de acción a los aspectos culturales y jurídicos. A grandes rasgos, establecida la perspectiva del autor que a través de un analisis comparativo engloba ambos periodos bajo un mismo lenguaje (el imperialismo) y los diferencia a traves del mismo, es decir, ubica al imperialismo al interior de la estructura socio-política del mundo grecorromano, relacionándolo con otros fenómenos como la guerra, el Estado, la esclavitud, etc., es posible establecer una serie de cambios y continuidades que se fueron desarrollando en el pasaje de un periodo al otro.

Por último, poniendo de relieve apuntes de cátedra de Historia antigua II a cargo del profesor H. Zurutuza en la Facultad de Filosofia y Letras (UBA), es posible establecer como punto base considerando al periodo helenista a aquel que se inicia con la supremacia de Macedonia sobre Grecia y la posterior “conquista de Oriente” por Alejandro, los 10 años de conquista y termina cuando el reino de los Ptolomeos es conquistado por Roma.


- Cambios y continuidades en el aspecto sociopolítico, económico y cultural. Para abordar la consigna, es manifiesto poner de relieve, en primera instancia, el trabajo de Graham Shipley sobre los cambios político-sociales sucedidos en el período 338-276: por un lado, según el autor, la realeza era anatema para las poleis arcaicas y clásicas, en cambio, la ciudad-estado, fuera democrática u oligárquica, fue fundada en base al debate abierto entre los ciudadanos, fueran éstos un grupo pequeño o grande; por otro, las antiguas autoridades estaban sancionadas por las «constituciones ancestrales», mientras que los conquistadores militares tenían que crear su propia legitimidad. Además, las poleis eran centros urbanos con territorios relativamente pequeños, mientras que las zonas controladas por los reyes se extendían sobre vastos territorios, siendo necesarias nuevas estructuras de apoyo. Así, en el período helenístico, los reyes y las ciudades tenían que encontrar formas de coexistencia, más allá de la dominación. Por tanto, la imagen de los reyes, fuera creada por ellos mismos para presentarse ante sus súbditos o por éstos para relacionarse con aquellos, representaba un compromiso entre el cambio y la continuidad. Por consiguiente, era natural que los reyes emplearan y desarrollaran los códigos simbólicos existentes al presentar una imagen pública a sus súbditos mediante monedas, estatuas y documentos escritos. Las ciudades hacían lo mismo en sus peticiones y en los honores que dispensaban. Por ende, los reyes aprovecharon el lenguaje de la representación visual y ceremonial, beneficiándose indirectamente de las representaciones literarias. Mediante la imagen pública de las familias reales, incluidas las mujeres, y por el modo en que sus amigos y allegados formaron «cortes» reconocibles como tales, los reyes buscaron legitimar su poder y utilizarlo efectivamente. El rey se beneficiaba de que se le viera realizar la función casi sagrada de asegurar que la memoria del pasado se mantuviera viva: los reyes aspiraban a ser vistos como griegos y consideraban natural utilizar su riqueza en promover las tradiciones y la cultura que definía la helenidad. Las ceremonias públicas dieron a los reyes nuevas oportunidades de aparecer ante un público más amplio y consolidar su poder. No se adoptó un complejo lenguaje ceremonial y la realeza se asociaba cada vez más con fastuosas festividades y manifestaciones exóticas, fueran procuradas por los propios recursos del monarca o realizadas en su honor. Así, el rey podía brindar su generosidad simbólica o concreta cuando se le agasajaba. Sumado a esto, fueron los numerosos «retratos» reales. La cultura griega era en su mayor parte oral y los usos públicos de la escritura eran más amplios que antes, gracias a la creciente propensión de las ciudades a grabar sus disposiciones en piedra y la necesidad de los reyes de archivos exhaustivos. Además, la monarquía en este período, a diferencia de la tiranía en el período arcaico, puso a las mujeres emparentadas con los dinastas en la vanguardia de la vida pública, es decir, creó un nuevo símbolo: algunas reinas se hicieron realmente poderosas en virtud de su personalidad, aunque es probable que se les permitiera esta posición pública sólo con el fin de que contribuyeran a los objetivos definidos por los hombres, quienes retuvieron casi toda la autoridad oficial. Por consiguiente, no sólo las mujeres sino a veces toda la familia real llegaron a ser símbolos importantes de la salud de un reino. Otro cambio institucional, era el agregado de la «corte» (mencionada anteriormente), una compleja gama de administradores que a menudo estaban a cargo de grandes territorios. Sumados a estos funcionarios, estaban los «amigos» escogidos por el rey, reclutados entre la élite de una polis tenían un papel mediador importante entre el rey y la ciudad, como cuando ésta tenía que hacer una demanda. Estos ¨amigos¨ funcionarios, con modificaciones, representaban una continuidad con el periodo anterior, ya que existían como tales en Macedonia, siendo bien vistos por los atenienses, para quienes estos funcionarios podían ejercer una influencia positiva sobre el rey para satisfacer sus demandas.

Graham Shipley sostiene además que las instituciones que obtuvieron renovada importancia se hicieron más complejas arquitectónicamente. El efecto de estos cambios fue hacer el ágora menos abierta y más estructurada, un proceso que iba a continuar durante el período romano. En menos de un siglo, el carácter monumental de los espacios públicos centrales de Atenas se había transformado y un rey podía conseguir un gran prestigio cultural si asociaba su nombre a sus monumentos públicos. Los cambios deben ser vistos, según el autor, en el transfondo de un nuevo orden político. Pese a la continuación de la amplia participación en Atenas y la adopción casi universal de las estructuras políticas de tipo democrático en otras partes, las ciudades se apoyaban cada vez más en benefactores extranjeros. Aunque los nuevos edificios que su generosidad financiaba eran una mejora de los servicios urbanos, de los cuales disfrutaban muchas personas y sin duda eran particularmente bien recibidos por aquellos miembros de la élite ciudadana amigos de los reyes, el efecto era que el entramado urbano quedaba expuesto ante el poder (y los gustos) de la riqueza privada, que con frecuencia no estaba en manos de ciudadanos. Los cambios del entramado urbano representan un desarrollo continuo del pasado clásico; la planificación urbana en el período helenístico se desenvolvió dentro del esquema existente, aunque las nuevas estructuras monumentales y los espacios reservados a ellas le dieron un carácter distintivo. Además de ser expresión del helenismo o aun de la helenización y del ideal urbano (aunque generalmente en un nuevo contexto monárquico), este florecimiento del estilo griego representa la manifestación más espectacular de la habilidad de los reyes para monumentalizar su poder y alterar el paisaje. La riqueza y el trabajo necesarios tenían que ser movilizados. La urbanización dependía de una combinación de trabajo esclavo, militar y libre y debe de haber dado ocupación a artesanos y jornaleros, que pueden haber migrado periódicamente a nuevos proyectos. Los recursos para sostener estos programas masivos habrán procedido, como la riqueza de los reyes, de una combinación de ganancias de la guerra, impuestos al comercio, rentas de las propiedades reales, contribuciones financieras y laborales de las ciudades, y en suma, de la extracción de riqueza de una gran masa de población: campesinos, comerciantes y los propios artesanos griegos y no griegos, junto con esclavos y otros grupos de personas no libres. La fundación de ciudades representaba por tanto una redistribución de recursos.

En segunda instancia, para complementar el socioanálisis de G. Shipley, el presente trabajo se complementa con el aporte de los autores Michel Austín y Pierre Vidal-Naquet en su trabajo titulado “Economía y sociedad en la antigua Grecia”, como primera característica destacan que Atenas seguirá existiendo en el periodo grecorromano como una ciudad cultural de importancia pero ya no tendrá la hegemonía que la caracterizó en el periodo anterior, más bien como un símbolo decorativo del cual hará uso y se beneficiara la monarquía. La hegemonía del mundo oriental pasa a manos de ésta, Macedonia es la nueva Grecia en el periodo helenista. Otra característica de continuidad entre ambos periodos que destacan los autores es la especialización de la guerra y el desarrollo de nuevas tácticas militares, es decir, una continuidad institucional: los demagógos formulan en Atenas una política de Estado y su ejecución se confía a otras provincias. Nace un nuevo actor en Grecia y alrededores, el mercenario, el ciudadano pobre que opta por sumarse a las filas mercenarias, un actor social que sera la mano de obra militar luego, durante el periodo helenista. Finalmente agregan que la aportación de Atenas en el terreno económico fue limitada: hubo en esbozo, el inicio de un proceso que se continuó marcadamente en el periodo helenista, es decir, un racionalismo económico que trajo consigo la división del trabajo y la especialización de la producción. Los autores sostienen que los verdaderos valores de Atenas se situaban en el terreno político: en el discurso fúnebre de Pericles quien se expresa en términos de poderío y gloria, es posible hallar los viejos valores aristocráticos de la poleis, he aquí entonces el punto diferencial entre un periodo clásico y otro grecorromano, donde no hay continuidad ni cambio, solo un punto inflexión que diferencia valores de ambos.


A modo de conclusión, en el presente trabajo se optó por un desarrollo entretejido de los aspectos sociales, políticos, culturales y económicos que se continúan de un periodo a otro, o bien, cambian. El objetivo fue responder la consigna bajo un texto coherente y unificado, ya que en la primera entrega se optó por un desarrollo esquemático al cual le faltaba elaboración en la primera entrega. Además, el desarrollo dela consigna se elaboró entrelazando aspectos porque conceptualmente los factores indagados se correlacionan, están estrechamente imbrincados, por ejemplo: al pretender esquematizar los cambios políticos relacionados con el uso y la creación de nuevos símbolos y la refiguración de los preexistentes (la poleis griega, estructuralmente, representaba un símbolo en sí misma) es inevitable hablar de cambios y continuidades socioculturales que dichos símbolos (nuevos y continuados) representan para la cultura helenista, sumado al aspecto inherente de la economía, factores comerciales y demás que están implicados en la creación, masificación y distribución de dichos símbolos. Por ende, al armar un esquema o cuadro comparativo, siempre iba a quedar material a desarrollar o complementar por fuera del mismo. En consecuencia, partiendo del estudio comparativo de M. Finley quién encuadra a Grecia y Roma bajo un lenguaje común, el imperialismo y, a partir de la deconstrucción de dicho concepto establece similitudes y diferencias como rasgos generales, se trato de hilvanar cambios y continuidades de todo el proceso de un periodo a otro bajo un mismo texto unificado en el cual se van desarrollando los aspectos varios de manera relacionada.

En suma, las características propias del periodo helenista (ya sean continuidades o representen cambios respecto del periodo anterior) pueden sintetizarse de la siguiente manera:

- etapa está comprendida entre los años de 323 a. C. y 30 a. C., y en ella se produjo un mestizaje cultural entre la predominante tradición griega, que había sido implantada por Alejandro Magno en la región del Oriente Próximo, y las culturas vecinas, entre ella la romana que la terminaría conquistando y asimilando como propia.

- en cuanto a la forma de gobierno, se trataba de una monarquía personal, a cuyo trono podía aspirar cualquiera que hiciera méritos suficientes en alguna de las distintas áreas del ejercicio ciudadano, y de corte colonial, imponiendo a las naciones conquistadas la cultura macedónica y eligiendo a sus gobernantes locales de las élites dominantes.

- la religión helenística era sincrética, es decir, mezclaba y hacía convivir el panteón clásico griego con dioses y deidades provenientes de oriente.

- renovación cultural: la cultura griega se vuelve universal incorporando los aportes de los pueblos orientales. De esta manera nace una cultura híbrida en la que se combinan la costumbre clásica y el orientalismo, llamada cultura helenística. Esta era de un evidente carácter cosmopolita, a diferencia de la cultura localista de las polis. También se universaliza el lenguaje.

- En cuanto al aspecto económico, el periodo helenista se sentó sobre la base de relaciones económicas ya existentes en la poleis, aunque a mayor escala y mayor ritmo, implementando el racionalismo económico que se gestó en el periodo anterior.



BIBLIOGRAFÍA

  • Shipley, G. (2000) El mundo griego después de Alejandro 323-30 a.C. Barcelona: Crítica. Cap. III Los reyes y las ciudades.

  • Zurutuza, Hugo (1989) “El período helenístico y su abordaje". Apuntes de cátedra: Historia Antigua II (UBA)

  • Austín, M. y Vidal-Naquet, P. (1972) Economía y sociedad en la Antigua Grecia. Francia: Paidós.

  • Olivera, D. (2018) Historia y comparativismo: Sir Moses Finley y el concepto de imperio en el mundo antiguo. En: Moreno Leoni, A. Historiografía moderna y mundo antiguo. Argentina: Tinta Libre.



EL TRABAJO FUE REALIZADO Y DONADO AL BLOG POR EL ESTUDIANTE.

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